El peso de lo cotidiano

Mi estimado lector puede desestimar perder su valioso tiempo en mi lectura. Quienes saben de literatura no harán más que confirmar esta advertencia. Los ilustrados prefieren historias de sentido profundo y transformador. La literatura es el arte de evitar el desgaste de lo cotidiano. 

A continuación, entre lo domestico y lo escolar:

Son aproximadamente las 20 horas, preparo la ropa para la semana. Llegue a un punto de la pila de ropa donde las prendas están llenas de pelos de nuestra gata. Sacudo una manta y los pelos vuelan por la cocina. Saco a Iris de una silla, se pasa a otra y me mira. Es increíble, a pesar de su almohadón mullido, continúa acurrucándose cada vez que puede en nuestra ropa. Busco el cepillo y empiezo a repasar las prendas de la pila. Una por una. 

Franco ha puesto en el televisor una de las series que vemos juntos "Gatitos explosivos". El enojo fortuito con Iris no tiene sentido, pronto recuerdo que a mí también se me cae el cabello. Cada vez que barro recojo varios mechones de mi cabello. De pronto, recuerdo a mi amiga Lourdes, hace días que no le escribo, aprovecho mientras doblo algunas prendas y le envió un mensaje. Resulta que continúa enferma ella y sus hijos. Hace algunas semanas pase por su negocio a la salida del trabajo. Su madre atendía las ventas y su hijo colocaba autitos en un macetero. Lourdes llegó un poco después, con su otra hija. Me comentó que la han cambiado de edificio y ya no asisten juntos los hermanos, porque se ha caído el techo de una parte de la escuela. No logramos comentar mucho más, pero me alegró verla. 

Tengo que planchar el guardapolvo y algunos pantalones. Así que acomodo sobre la mesa una toalla grande y la plancha. Noto que el pantalón de jogging de Fran está roto. Lo zurzo y casi no se nota el arreglo, aunque se le ha desteñido cerca del elástico con lavandina. Le recuerdo que tenga cuidado en el baño de la escuela. Pienso que se debe haber apoyado en la mesada del lavamanos mojada con lavandina. 
  
Miro el reloj del celular, ya son las 21:30 horas. He perdido demasiado tiempo con la ropa. Me apresuro a buscar las verduras en la heladera, me doy cuenta de que tengo que limpiar la heladera. Lo haré el fin de semana que estoy sin Franco. Mientras pico las verduras, Fran dice que va a volver un poco hacia atrás el episodio 4, porque quiere que yo observe el juego en el que se basa la serie. Le digo que alcancé a verlo, igualmente vuelve y coloca pausa justo en la escena donde el Gatísimo y Minino de las Tinieblas están en las orejas de Marv, el padre de familia. Arriba de Marv hay un cartel con el nombre del juego de cartas. La verdad es que solo, había alcanzado a ver por el rabillo del ojo el nombre del juego, pero no había podido apreciar la composición de la escena. Fran es un niño sabio.

Me levantó entre las 6:30 y las 7. Tengo programadas dos alarmas una a las 6 am y otra a las 6:30 am. Pero mi cuerpo estaba cansado, a pesar de que supuse que me levantaría puntual, otra vez no pude. Me siento al borde de la cama y practico alguna meditación matutina. (Los días que logro despertarme a las 6 am practico una sentada de 30 o 40 minutos o practico yoga). Me visto y bajo a prender las luces. Me pongo a preparar el desayuno y antes de irme a pintar y peinar despierto a Franco. Luego, le recuerdo a Fran que tiene que darle de comer a Iris. Después de desayunar, él guarda su merienda y partimos. Dejo a Franco a las 8 horas en su escuela y sigo camino a mi trabajo. 

Llegó alrededor de las 8:20 es temprano, porque nuestro horario de ingreso es a las 9. Hay otra compañera que llega a las ocho. Siempre he pensado cuanto más temprano empieza su día. Saludo a quienes están en la escuela. Me pongo a abrir los armarios de dirección, busco el teléfono de la escuela para ver si hay mensajes por responder. Prendo la computadora y vuelvo a la cocina, el lugar donde se comparten historias. Después del saludo a la bandera cada grupo se dirige a las aulas para dejar las mochilas y luego pasan al comedor para desayunar. Este es un momento termómetro, aprovechamos a observar y comentarnos cómo han venido cada uno de los estudiantes. A veces, alguno de ellos manifiesta una crisis después de desayunar, o después de un recreo, o a media mañana. La mayoría de estos episodios son breves y se les pasan caminando en el patio o cambiando de tema: por ejemplo, se les presenta una propuesta más lúdica. Si en cambio, la crisis está cargada de enojo en forma de insultos, golpes al mobiliario y la agresión escala intentando agredir físicamente. Ahí es cuando es muy importante estar atenta para acompañar, retirar al estudiante del grupo. permitirle más espacio en otro ambiente y evaluar hasta donde es posible permitirle recorrer y qué lugares y cuando es posible comunicar. Cuando me doy cuenta se me ha pasado la mañana y aún revisé los correos. Acompaño un rato el comedor hasta que llega la directora, le comento brevemente los sucesos del día y las novedades que me han transmitido las compañeras. Me despido y me voy a la otra escuela. 

Los martes me toca en una secundaria, cerca de la calle Terrada. Antes de entrar me quito el guardapolvo y me cambio el suéter. Ahí le doy apoyo a una estudiante con discapacidad motriz en el turno tarde, y a otro, en el turno mañana. Busco ala preceptora para saber si tiene alguna novedad. En la biblioteca junto a la estudiante completamos las tareas de Matemática y Geografía. Luego, intercambiamos sugerencias con los profesores. Al finalizar la jornada, voy al club donde Franco practica Futsal.

Llegamos a casa. Franco encuentra a Iris y la alza. Otras veces, es Iris quien maúlla desde la escalera y él la corretea hasta su habitación. Revisamos las tareas, mientras preparo la merienda. Cuando Fran termina de estudiar prende la televisión y pone un álbum de Imagine Dragons. Cierro los ojos y veo pequeñas líneas de colores cruzándose. La música flota en el aire. Y recuerdo, que a veces, se necesita un respiro de la intensidad del día. 



Comentarios

Entradas más populares de este blog

La construcción del consumidor americano

Ichigualasto, un recorte de 300 millones de años